La web de un restaurante tiene un solo trabajo: convertir «estoy mirando dónde cenar» en «he reservado» o «vamos para allá». La mayoría no lo hace. Esto es lo que sí importa, en el orden en el que lo busca alguien con hambre y el móvil en la mano.
Piensa en el momento real: alguien está en el sofá, o de pie en una calle de León, decidiendo entre tu sitio y otros dos. Abre tu web en el móvil. Tiene unos diez segundos de paciencia. En esos diez segundos quiere saber tres cosas, encontrar la carta y poder reservar. Si algo de eso le cuesta, se va al de al lado.
1 · Lo primero que se ve, sin bajar: qué, dónde y si estás abierto
Nada más entrar, sin hacer scroll, tiene que quedar claro qué tipo de cocina haces («tapas de producto», «cocina leonesa de mercado», «italiano de horno de leña»), en qué barrio estás y, a ser posible, si estás abierto ahora mismo. Muchas webs entierran esto bajo un vídeo de bienvenida o un carrusel de fotos. Es justo lo contrario de lo que hace falta.
2 · La carta en la web, no en un PDF
El PDF de la carta es el error más repetido. En el móvil hay que descargarlo, se abre en otra app, toca hacer zoom y pellizcar, y Google no puede leer lo que hay dentro. La carta tiene que estar en la propia página, como texto, organizada por secciones, con los precios y con una foto de los tres o cuatro platos estrella. Si cambias la carta cada temporada, mejor todavía: se actualiza en cinco minutos.
Si alguien no puede leer tu carta cómoda en el móvil, ya has perdido a una parte de las mesas.
3 · Reservar en dos toques
Un botón «Reservar» visible en todo momento —fijo arriba o abajo mientras se hace scroll— que abra directamente el sistema que uses: TheFork, Cover Manager, un formulario propio o incluso un WhatsApp con el mensaje ya empezado. Sin obligar a crear una cuenta. Cada paso extra entre «quiero reservar» y «reservado» se lleva reservas por delante.
4 · Fotos reales, tuyas, no de banco
Se nota a un kilómetro cuando las fotos son de catálogo. Necesitas tus platos, tu comedor, tu terraza, tu barra. No hace falta un fotógrafo carísimo para empezar —con luz de día y el móvil bien usado se saca mucho—, pero tienen que ser del sitio de verdad. Una foto buena del plato que te hizo famoso vende más que un párrafo entero.
5 · Horario y ubicación, completos y fáciles
- Días y turnos exactos, incluido qué día cierras.
- Mapa incrustado y la dirección en texto (para copiarla al navegador del coche).
- Lo práctico: si hay terraza, si se puede aparcar cerca, si admitís perros, si hay opción vegana o sin gluten, si tenéis menú del día y hasta qué hora.
Son las preguntas que la gente hace por teléfono. Contéstalas en la web y te ahorras las llamadas y ganas las reservas de quien no llama.
6 · Las reseñas, a la vista
Quien duda entre dos restaurantes va a mirar las reseñas de Google igualmente. Dáselo hecho: muestra tu nota media y un par de opiniones reales, con enlace a tu ficha de Google. Genera más confianza tenerlas en tu propia web que esconderlas.
7 · Rápida, sobre todo en móvil
Una web de restaurante que tarda cinco segundos en cargar con datos móviles pierde a la mitad de la gente antes de ver nada. Esto se consigue con fotos optimizadas (no subir la del móvil a pelo, que pesa 6 MB), sin carruseles pesados y sin diez plugins. Ábrela tú en el móvil, con datos y no con wifi, y cronométralo.
Lo que sobra en casi todas
- Música o vídeo que se reproduce solo al entrar.
- Pop-up de newsletter antes de dejarte ver nada.
- Una portada que solo dice «Bienvenidos a nuestra web».
- Un carrusel de quince fotos en la cabecera que nadie mira entero.
- Un menú de navegación con doce secciones. Con cinco sobra: Carta, Reservar, El local, Dónde estamos, Contacto.
La prueba de los 15 segundos
Coge tu móvil, datos en vez de wifi, y abre tu web como si fueras un cliente nuevo. Cronometra cuánto tardas en: (1) saber qué cocina haces y dónde estás, (2) abrir la carta, (3) empezar una reserva. Si en total pasas de 15 segundos o te atascas en algún paso, ahí tienes lo que arreglar.
